Cómo nos jugamos la vida con ellas

Cómo nos jugamos la vida con ellas

“Nos jugamos la vida en las conversaciones que tenemos. Y en las que No..” Alvaro Gonzalez Alorda

Todo lo creado ha comenzado con las palabras. Sabemos que la vida social nació a través de la comunicación lingüística . Sabemos que el hombre le dió identidad a las cosas cuando las nombró y estableció el lenguaje. Las marcas que se tallaban en arcilla en la prehistoria de la escritura ya estaban cargadas de simbolismos para comunicar algo.

Las palabras tienen poder, todo lo que yo menciono existe, aunque sea en mi mente en forma de creencias, existen en ese mundo subjetivo porque le doy identidad y por eso es. La clave está en decodificar lo que está en mi interior a través del camino del autoconocimiento. Vemos el mundo como somos capaces de interpretarlo. Lo vemos como somos.

Para hablar de un fenómeno que estemos atravesando no alcanza con definirlo conceptualmente, sino desde toda nuestra vivencia personal que está atravesada por lo emocional, lingüístico y corporal.

Cada situación se traduce desde nuestro mapa de interpretaciones, el cual contiene creencias limitantes, temores, rótulos, experiencias previas condicionantes.  

Cuando yo era pequeña, a mis 7 años mas o menos, tenía una gata que –bastante seguido- tenía cría. Me encargaba de buscarles hogar a esos gatitos, y para eso mantenía una breve conversación con los candidatos, con preguntas del tipo: ¿Tiene perros? ¿Tiene niños? ¿Saben que no es un juguete? ¿Por qué quiere un gato?

El poder de las conversaciones

Esas preguntas estaban motivadas por mi mundo emocional. 

Para mi, los lugares adecuados para esas crías debían tener determinadas características , y me interesaba saber qué miembros componían el hogar donde iría -o no- el gatito (porque si no eran de mi agrado no concretábamos la adopción).

Cada vez que le sacaba a esa madre una cría, sufría horrores porque yo decía que ella “se daba cuenta” y se ponía mal. Si bien, efectivamente, la gata buscaba la cría faltante, a los pocos días continuaba cuidando a los que quedaban hasta no tener ninguno mas. Y así seguía el ciclo natural de la gata de mi infancia.

Hace unos años, la vida me dio la oportunidad de volver a vivir, pero ya de adulta, una experiencia similar de cuidar una gata y sus crías rescatados.

El cuestionario también lo brindaba sólo que más extenso, y el proceso de selección también incluía conversaciones con los candidatos. Mis principios no cambiaron. Sólo que ahora había cambiado el escenario y pude reinterpretar la experiencia, y le otorgaba otro significado. Ahora no le estaba “quitando las crías a la gata” sino que estaba generando felicidad para ambas partes comprometidas en la adopción.

¿Qué cambió con los años? Mi mundo interpretativo. 

Tanto en aquél entonces como ahora, el recurso con el que contaba para bajar la ansiedad que me generaba la situación, era y sigue siendo la conversación, hacer uso de la palabra. Esto me permitía observar el mundo del otro y tener la libertad y el derecho de decir si o no.

Un mismo hecho puede cobrar otro significado luego de años de perspectiva. Incluso aquellos dolorosos, incluso los que nos parecían el fin del mundo. 

Soy una convencida, por conocimiento y por experiencia personal, que siempre estamos a tiempo de generar nuevas conversaciones sobre el mismo hecho, otra vez, el hecho cambio? no…pero si yo cambio, todo cambia… si yo digo algo diferente, decido vivirlo de otra manera.

Las mejores conversaciones surgen de las preguntas ¿Quien soy? ¿Qué tengo? ¿Qué hago? ¿A dónde voy? Todas esas definen identidad y pertenencia, dos pilares fundamentales para una vida plena.

En los próximos post voy a escribir más acerca del SER…

Comparto el siguiente vídeo y la idea que “hay conversaciones que cambian el curso de nuestra vida” .

Gracias por leer. Gaba

 

 

 

 

 

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