Tus palabras moldean a tus hijos

Tus palabras moldean a tus hijos

Imagen: Pexels

“Eres un desastre” es una de las expresiones desafortunadas que más escuché de pequeña. Se decía casi a la ligera, sin pensar en el peso que trae consigo. ¿Era yo un desastre? No, por supuesto, la expresión es una exageración usada para constatar con desagrado que no era muy ducha en áreas que para mi familia eran importantes o en las que no cumplía las expectativas sociales.

 Expresiones como ésta pueden incluso pasar desapercibidas. Los hijos, dependiendo de su edad y temperamento, reaccionarán de diferente manera, ya sea esforzándose más por cumplir con lo que se espera de ellos o rebelándose… pero en todos los casos, en la base, está el deseo (no alcanzado) de ser aceptado y validado. Un anhelo propio del ser humano.

 

Cuando el cerebro de un niño recibe un mensaje como éste, algo en su subconsciente lo acoge y lo integra, pese a no estar de acuerdo con él o sentirse herido. Si la situación se repite, esta información encuentra en la plasticidad de nuestro cerebro el caldo de cultivo perfecto para establecerse como una más de nuestras creencias. Y ya sabemos que algunas creencias sobre el propio ser pueden llegar a ser muy limitantes.

 Seguramente podéis imaginar la de veces que, ante errores, intentos fallidos o situaciones adversas, me he dicho a mí misma “es que soy un desastre”. No es un legado hermoso, ¿verdad? Mis padres no eran conscientes de ello, pero ahora que son abuelos les pido que no digan a mi hijo según qué cosas. A veces les molesta, claro, porque es una petición que los cuestiona. Y no siempre lo consiguen, pero veo que lo intentan y eso es ya todo un avance.

LA CRIANZA COMO TRANSFORMACIÓN

Cuando iniciamos el camino de la maternidad hay muchas probabilidades de que afloren a nuestra parte consciente del cerebro los mensajes que recibimos de niños. Conozco muchos casos en los que esto ha sucedido de manera natural. En otros, se ha dado porque la madre o padre buscan una manera más respetuosa de acompañar a sus hijos en su crecimiento, y analizan qué se transmite a los niños (y de qué manera se hace) desde la sociedad en general y desde su familia de origen en particular.

 Para mí esto es algo muy importante, porque creo firmemente en la crianza como base de transformación, tanto personal como social y comunitaria. Siempre tuve claro que la educación de las siguientes generaciones era fundamental si buscábamos el cambio social, pero ahora me doy cuenta de que este trabajo empieza antes incluso: en el vientre materno y en los primeros años de vida en el núcleo familiar.

Si logramos criar niños más respetados, amados tal y como son, que sepan ponerse en el lugar del otro y usar las palabras para construir y dialogar, la mejora será innegable. ¡Y a este mundo nuestro le hace mucha falta! Quizá suena utópico, pero es mi compromiso real con mi entorno más cercano, de dentro hacia fuera. Un compromiso que está al alcance de todos y que no deja de ser la adaptación del “piensa global, actúa local” a la crianza y la educación.

LA MIRADA MATERNA EN PALABRAS

Para ayudar a nuestros hijos en su posterior autonomía y a tener una saludable autoestima, necesitamos ofrecerles toda la aceptación, amor incondicional y mirada de la que seamos capaces.

¿A qué me refiero con mirada materna o paterna? A la seguridad de que mamá y/o papá están del todo presentes cuando están conmigo, me ven de verdad, acompañan mis logros y mis dificultades sin juzgarlas, me dan espacio para ser el niño que soy.

 La mirada materna se manifiesta de diversas formas y la palabra es una de ellas. Porque el lenguaje nos construye, da entidad a nuestra historia, y al mismo tiempo la condiciona, tal como demuestra la neurolingüística. Por eso, debemos prestar atención a lo que decimos y al tono en que nos expresamos e ir desterrando de nuestra expresión oral las comparaciones, el minimizar los sentimientos u opiniones de los hijos y las respuestas teñidas de indiferencia.

 

Vale la pena pensar qué huella queremos dejar en sus cerebros de cara al futuro y observarnos de manera consciente, sin culpa, sin presión, con el puro deseo de hablar a nuestros hijos de una manera más sana y liberadora. En ese sentido, hay propuestas interesantes como el PNL o la Comunicación No Violenta de Marshall Rosenberg. Pero no necesitas nada de eso para empezar, tan sólo tu sentido común y tu corazón lleno de empatía.

 

Cristina Oliva Diaz. Periodista, madre consciente y presente y constructora de cambio social. Bloguera y podcaster en www.eltiempodelosintentos.com

 

 

12 thoughts on “Tus palabras moldean a tus hijos

  1. Antes que nada las Felicito a las dos!!!

    Y quiero decirles que a veces las mamá somos conscientes de que nuestras palabras marcan a nuestros hijos, pero quizá la rutina y todo lo que envuelve a un adulto pensamos que no pasa nada…

    Pero como adultos y mamás debemos de medir las fuerzas de nuestras palabras, yo muchas veces les digo a mis hijas que son un desastre, pero por Dios que no lo hago con mala intención, pero ya me di cuenta que puedo dañar sin querer hacerlo… agradezco mucho este post, les mando mil besos a las dos!!!!

    1. Gabriela, muchas gracias por tu comentario y por leer el post. No debemos sentirnos culpables si nos descubrimos diciendo cosas como “eres un desastre” porque la culpabilidad no nos lleva a ningún sitio. Pero sí sería bueno pararnos a pensar, hacernos conscientes (de ahí el término “crianza consciente”) de lo que decimos y de su valor para poder ayudar a nuestros hijos en su crecimiento sin etiquetarlos ni dañar su autoimagen. Por eso, a partir de ahora, te animo a que cada vez que veas que te viene a los labios esa frase, respires… y la sustituyas por algo más adecuado. Un gran abrazo!

  2. El primer párrafo de esta entrada me hicieron estremecer. Es un hecho que las palabras son las armas o la medicina más potente en el mundo. En la crianza ni decir.
    Mi madre siempre me comparaba con mis hermanas, esta constante provocó que en vez de querer parecerme a ellas, me rebelara contra el patrón y actuara bajo la influencia de la negación de un otro.

    Y sí, se arraiga. Ya preguntarme ahora qué hubiera sido de mí sin las comparaciones en áreas que no eran lo mío, no me basta. Creo que es momento de reafirmarse a una misma.
    Pero si eres mamá y tienes consciencia del proceso de las palabras en los hijos para bien y para mal, cuidar el lenguaje hiriente y potenciar el transformador es vital y una labor titánica que admiro mucho.

    Que post tan bello, felicidades a ambas por combinar sus disciplinas en un solo objetivo! MARAVILLADA!

    1. Qué hermosas palabras nos dices, Gaby! Me alegra mucho que este post se pueda leer y entender bien también desde la perspectiva de alguien que no es madre, pero sí es hija, y, por lo tanto, como cualquier persona, puede reflexionar qué tipo de lenguaje se usó con ella en la infancia, en la adolescencia e incluso hoy en día.
      Lo que explicas de tus hermanas es muy común. Acción o reacción. En tu caso una parte de tu identidad se forjó por reacción a aquello con lo que tanto te comparaban y que tú no eras ni querías ser. Y sí, tratar de usar con los hijos un lenguaje liberador es, tal como dices, una labor titánica, pues todas venimos con nuestra mochila a cuestas, llena normalmente de todo lo contrario. Besos y a seguir siendo cada día más tú!!

  3. Muy bueno! Vivo esforzándome para evitar esos juicios todos los días con mis niñas. Es un tema de conversación constante con mi marido…

    1. Silvina, qué bien que seáis ya tan conscientes en vuestra crianza y que lo podáis compartir como pareja. Eso da mucha fuerza para ir mejorando cada día, ya que no es fácil y a menudo se nos disparan frases que llevamos grabadas en nuestro subconsciente. Adelante!!!

  4. Hola Cristina,

    No soy madre aun, pero me gusta leer sobre estos temas. Muy buena información. Afortunadamente no recibí palabras duras por parte de mis padres, aunque debo decirte que tampoco recibí palabras amorosas como un te amo, lo hiciste bien, estamos orgullosos de ti. Quizás porque a ellos nunca se los enseñaron o nunca lo recibieron. Y aunque aveces me hacia falta estas palabras, me acostumbre a percibir su amor por medio de todo lo que hacían por nosotros, pude ver lo orgulloso que estaban al hablar de nosotros con alguien mas….

    Éxitos en todo, esto me ayuda para ser una buena madre :)

    1. Leticia, si ya estás leyendo sobre estos temas no me cabe duda de que llegarás la maternidad con mucha conciencia de qué lenguaje usas con tus hijos. Y sí, las generaciones de nuestros padres y abuelos no eran precisamente las más expresivas del mundo en cuanto a sentimientos o emociones positivas o íntimas. Cierto es que la palabra no es el único modo de comunicación del ser humano y que podemos leer el amor en los actos, pero en el presente seamos nosotros quienes optemos por comunicarnos con mayor libertad en lo afectivo con los niños. Gracias por tu comentario y mucha suerte con vuestro blog :)

  5. Que poco valor le damos a las palabras y su significado y que relevantes son. ES cierto que a veces aflora del subconsciente expresiones aprendida y repetimos patrones, pero lo importante es reconocerlos y corregirlos. un saludo

    1. Cierto, Pilar, en la escuela aprendimos a escribir, a leer, con suerte a aplicar el sentido crítico, pero nunca nos hablaron del valor del lenguaje aplicado a la educación, a la crianza o, simplemente, a las relaciones afectivas en general. Si, como tú dices, reconocemos esos patrones, ya hemos hecho algo muy importante. A partir de ahí, poner luz en lo que decimos es cuestión de tenerlo muy presente y pararnos a pensar o a revisar. Gracias por leer el post.

  6. Enhorabuena pues es un post tan útil cuando te planteas qué daño pueden hacer en tus hijos, el uso de expresiones
    que a ti te han dicho desde que eras un coquillo.

    Y bien mirado, dependiendo de las circunstancias, no siempre el uso de expresiones poco afortunadas, va a traumatizar al crío, pero si podemos evitar esas palabras que en muchos casos décimos de manera inconsciente, pues mucho mejor.

    Hagamos entre todos una sociedad más humana y más empática, pues ya bastante penoso es casi todo lo que se encuentra en los medios de comunicación.

  7. Así es, Adela, no se trata de traumas, pero sí de influencia en la construcción de nuestra autoimagen y autoestima. Los padres tenemos una gran influencia porque somos los primeros en “definir” a nuestro hijo y ese mensaje cala fuerte en su cerebro. Como tú dices, si usamos este mismo enfoque en nuestra comunicación con otras personas, lograremos que nuestro entorno sea más saludable y respetuoso.

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